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Por Pedro Paunero

El cortometraje “The Ghost of Slumber Mountain” (1918), dirigido por Willis O’Brien y producido por Herbert M. Dawley, resulta una curiosidad históricamente importante por varios motivos. Fue un encargo de Dawley a O’Brien -el legendario creador de los efectos especiales de “King Kong” (1933)-, tras haber visto, y quedar maravillado, con su corto “The Dinosaur and the Missing Link” (1915). O’Brien trabajaría en la influyente “El mundo perdido” (The Lost World, Harry O. Hoyt, 1925) pocos años después y actuaría en “The Ghost of the Slumber Mountain”, como el ermitaño “Mad Dick”, dueño de un aparato de óptica que, en apariencia, convierte a este corto -que Dawley (que también actúa como el tío en la película) por razones poco claras, mandó editar de 40 a 18 minutos-, en la primera película sobre viajes en el tiempo.

La película comienza presentándonos a Jack Holmes (Dawley), autor y artista amateur, ocupado leyendo un libro, cuando sus sobrinos (los hermanos Alan V. y Chauncey A. Day), acompañados de su perro Soxie, interrumpen sus juegos para pedirle que les cuente una “historia real sobre animales y excursiones”. Hay un primer flashback y vemos la excursión de Jack, su amigo Joe (interpretado por un actor no acreditado) y Soxie, a lo largo del río.

Cuando acampan en la orilla, ocurre la escena que ha puesto a pensar a mas de uno sobre el carácter homoerótico de la película, que quizás mostraba mucho más en este subtexto, de no haber sido cortada, pues Jack, que se ha puesto a pintar, le pide a Joe que pose desnudo, “como un fauno”, pero Joe se niega -amablemente, por cierto-, pretextando que “hay muchos mosquitos”. Esta escena, pues, haría de “The Ghost of the Slumber Mountain”, una precursora del cine LGBT, y no la abuela de las películas de los viajes en el tiempo, como veremos a detalle.

Los amigos, y Soxie, llegan a la cabaña abandonada del ermitaño apodado “Mad Dick”, pero se mantienen fuera, sin intentar entrar.

Hay un segundo flashback, esta vez dentro del primero, en el cual Joe cuenta cómo, un día, siguió a Mad Dick, que llevaba consigo un aparato de forma extraña, hasta la cima de la montaña, donde se había puesto a atisbar el horizonte. Termina el flashback de la narración de Joe y se disponen a dormir. Entonces Jack despierta, al escuchar que alguien lo llama por su nombre, y es conducido hasta la cabaña, a la cual entra para descubrir modelos maravillosos de dinosaurios a escala, huesos fósiles y libros sobre paleontología. La voz le dice que abra una caja, donde encuentra al aparato óptico con el cual asciende él mismo a la montaña, guiado ahora por el fantasma visible de Mad Dick, y mira a lo lejos. Lo que ve lo asombra y, con él, a nosotros, al contemplar la dulce y primitiva perfección de los dinosaurios movidos por Stop Motion de O’ Brien: un brontosaurio, dos triceratops luchando entre sí, un ave Diatryma (o Gastornis) que caza a una serpiente y la devora.

Hace su entrada el tiranosaurio, toda una figura pop desde entonces -cuya apariencia fue supervisada por el mismo paleontólogo Barnum Brown, su descubridor, para la película-, y lucha contra un triceratops, en una escena que, igualmente, sería copiada posteriormente hasta la saciedad.

Entonces ocurre un segundo momento de ruptura conceptual, pues Jack se ve perseguido por el tiranosaurio. Y huye.

Termina el flashback y volvemos a los sobrinos, vivamente interesados en la narración del tío, quien con gestos de las manos cuenta cómo disparó contra la cabeza del tiranosaurio, justo cuando sus terribles dientes casi daban cuenta de él.

Se revela que Jack despierta en el campamento, que Joe y Soxie siguen ahí, en la tienda de campaña, y que todo ha sido un sueño. Vemos a los sobrinos decepcionados y termina el cortometraje.

¿Cómo se explica la escena dentro del flashback -cuando Jack es perseguido por el tiranosaurio-, en un momento en el cual todavía no se nos revela la naturaleza de la visión? ¿Es el aparato del ermitaño un artilugio para ver el pasado, como aduce la mayoría de los críticos, o simplemente un telescopio bastante sofisticado -y de ahí su rara apariencia-, y los dinosaurios estuvieron siempre ahí, tras la montaña? Si el aparato en realidad permite a Jack atisbar a la prehistoria este, correctamente, sería la primera máquina del tiempo del cine, pero el carácter de sueño de toda la visión da al traste con esta idea. Jack, en realidad ha soñado con un aparato con el cual mira dinosaurios, pero en el mismo sueño no hay explicación si ha mirado hacia atrás, o a través de un telescopio sin dotes especiales, a las criaturas que, en su propio tiempo, tienen su hábitat al otro lado de Slumber Mountain. En todo caso, un aparato “soñado” en la subdiégesis -la ruptura de la diégesis dentro de la diégesis-, no lo convierte en un aparato “verdadero” de Ciencia ficción debido a su carácter onírico, todo lo contrario de haber sido encontrado “realmente” en la cabaña del ermitaño.

Resumiendo, el argumento de “The Ghost of the Slumber Mountain”, es el siguiente:

Un tío le cuenta a sus sobrinos sobre su expedición a la montaña, acompañado de su amigo Joe y el perro Soxie. Hay un acercamiento homoerótico entre ambos. Joe cuenta (o inventa) sobre el ermitaño y su aparato óptico de forma extraña, sin aclarar nada más. Este recuerdo -o recuerdo inventado- de Joe, provoca el sueño de Jack y los dinosaurios.

“The Ghost of the Slumber Mountain” resulta un filme entretenido, pero equívoco, con su falso viaje en el tiempo, y su importante aportación a la técnica del Stop Motion. Igualmente se erige en pionero del cine LGBT y, sobre todo, en el metatexto -con sus peleas arquetípicas entre especies extintas-, del cual abrevarían todas las películas en las cuales aparecen dinosaurios, desde la citada “El mundo perdido”, pasando por el subgénero más bizarro, el Weird Western, hasta la saga de “Jurassic Park”, de Stephen Spielberg.

Para saber más:

“Crudo, sucio y brutal: Algunas representaciones del humano prehistórico en el cine mudo” por Pedro Paunero.
 

“Mexican Stonepunk: Capulina en troncomóvil y otros anacronismos en piedra” por Pedro Paunero.
 

“Ismael Rodríguez y el Weird Western” por Pedro Paunero.
 

Por Pedro Paunero

Pedro Paunero. Tuxpan, Veracruz, 1973. Cuentista, novelista, ensayista y crítico de cine. Pionero del Steampunk y Weird West. Colabora con diversos medios nacionales e internacionales. Votante extranjero de los Golden Globe Awards desde 2022.