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Reporte de la semana

2013-07-01 00:00:00

Acapulco y el cine: de Tin Tan, 'La dama de Shangai', Tarzán y el Jet Set

Acapulco y el cine: de Tin Tan, 'La dama de Shangai', Tarzán y el Jet Set

Por Hugo Lara Chávez*

En el cine nacional, una de las figuras más allegadas al Puerto de Acapulco fue el gran cómico Germán Valdés “Tin Tan”, quien el pasado 29 de junio cumplió 40 años de fallecido. Para comenzar este artículo, nada mejor que las palabras que Tin Tan —con su ronca pero amigable voz— dedica a esta ciudad del Pacífico en el prólogo de “Tintansón Crusoe” (1964):

“¡Acapulco! La capital mundial del paisaje. Paz natural para calmar los nervios, esos nervios motivo de todas nuestras desgracias. Paz que no se compra a ningún precio, a menos que usted se quiera mandar para quedar bien con su detalle. ¡Acapulco! Paz, quietud, descanso natural. Rehabilitación del espíritu. Motivo principal de la afluencia del turismo de todas partes del mundo. ¡Acapulco!. Cordialidad, amabilidad, envuelta en tacos de palmeras. Y tantas y tantas cosas. ¡Acapulco! donde la tranquilidad hace que se calmen toda clase de nervios. Esos nervios que hacen fracasar a los de mente débil, esos nervios tan fáciles de controlar si tan sólo fuéramos como ¡Acapulco!: naturales, sin rencores, sin mañas que perjudiquen la paz natural tan desviada por todo…”

Tin Tan era aficionado a la navegación y propietario de los yates Tintaventos I, II y III, cuyo nombre aludía con sorna al yate presidencial de Miguel Alemán, el Sotavento. Los Tintaventos tuvieron trágicos finales, pues se dice que el primero se incendió, el segundo se hundió frente al astillero de Icacos y el tercer fue destruido por un huracán.

“Tin Tan” rodó varias películas en Acapulco: “Simbad el mareado” (1950); “El cofre del pirata” (1958); “El tesoro del Rey Salomón” (1962), “Tintansón Crusoe” (1964), “Caín Abel y el otro” (1970), “Acapulco 12 22”  (1971); y “Capitán Mantarraya” (1969), la única cinta en la que además se desempeñó como director.

 

Tierra de sol, palmeras y cine

Se ha hablado que el cine puede expresar una identidad local o reflejar a una cultura, pero esto no siempre es así, pues hay diferentes situaciones posibles. Lo más inmediato que retratan las películas de un lugar suelen ser sus escenarios y su gente, pero también lo que se cree de ellos —aunque no sea cierto— por su idiosincrasia, lenguaje, folclor, tradiciones o mitos; es decir, algunos estereotipos, como el que todos los mexicanos usamos sombreros de mariachis o todos los franceses traen boina en la cabeza y una baguette en la axila. Pero otras posibilidades de encontrar un vínculo entre el cine con una región surge a partir de las vivencias de ir al cine o lo que ha dejado la experiencia de rodajes entre sus habitantes.

Bajo esa luz ¿cómo conviene aproximarse al cine que se ha filmado en Acapulco? Este puerto turístico tiene una larga tradición cinematográfica, pues en sus alrededores se han filmado más de 200 películas, algunas de ellas legendarias. En varios filmes, Acapulco es escenario y protagonista inconfundible; aunque en otras, simplemente ha prestado su magnífico entorno natural para recrear otros lugares, como Vietnam en “Rambo: First Blood Part II” (1985) con Sylvester Stallone; la costa de Viña del Mar, Chile, en “Missing” (1982), con Jack Lemmon y Sissy Spacek, dirigida por Costa-Gavras, o la imaginaria república bananera de Isthmus en “Licence to Kill” (1989), una aventura de James Bond interpretado entonces por Timothy Dalton.

Entre todas las de este tipo, tal vez se recuerde con especial cariño la exótica isla salvaje de “Tarzan and the Mermaids” (1947) con Johnny Weissmuller, la última película donde este excepcional nadador y actor encarnó al “Rey de la Selva”, en la que por cierto aparece la escena de un clavado en la célebre Quebrada. En la década de los setentas, Weissmuller estabeció su residencia en esta ciudad donde murió en 1984, en el hotel de su propiedad, Los Flamingos.

Fue a partir de “The Lady from Shangai” de Orson Welles que la fama de este puerto alcanzó resonancia en todo el planeta

 

Un puerto de pescadores para la dama de Sahngai

Una de las primeras películas de la que se tiene registro filmada en este puerto se titula “Carretera y paseos de Acapulco” (1928), documental de E.E. Deuler que debió de haber sido un conjunto de sencillas vistas panorámicas sin sonido sobre ciertos lugares típicos.

Sobre este primer antecedente, Acapulco se convirtió en las décadas siguientes en una locación recurrente del cine nacional e internacional, sobre todo a partir de su gran expansión como destino turístico, en la década de los cincuentas del siglo pasado, detonado por el gobierno del presidente Miguel Alemán (1946-1952), algo que no hay que pasar por alto, toda vez que Acapulco se convirtió en el modelo de desarrollo turístico del México del siglo XX.

Otros filmes que se sirvieron de Acapulco tempranamente, cuando aun era un puerto de pescadores más que un balneario turístico, fueron “Silencio sublime” (1935) de Ramón Peón, donde se recrean las Islas Marías; “Hombres del mar” (1938) de Chano Urueta; “Pescadores de perlas” (1938) de Guillermo Calle, que resulta un antecedente de la muy notable “La Perla” (1947), dirigida por Emilio Fernández con Pedro Armendáriz y María Elena Marquez, rodada parcialmente en Playa Tamarindos.

Sin embargo, fue a partir de una producción de Hollywood que la fama de este puerto alcanzó resonancia en todo el planeta. En 1946 el 'enfant terrible’ de Hollywood de aquel entonces, Orson Welles, arribó con el equipo de filmación de “The Lady from Shangai”, un imprescindible film noir protagonizado por la espectacular Rita Hayworth, que en esa época era mujer del director de Citizen Kane. El rodaje causó revuelo tanto en Hollywood como en México, y está llena de infinidad de anécdotas, como aquella célebre en la que Hayworth se cortó su mítica cabellera pelirroja frente a la prensa, como ardid publicitario maquinado por Welles.

Michel Domínguez, en su estupenda página “Acapulco en el tiempo”, en Facebook, describe que la bella actriz se hospedó durante el rodaje en el pequeño hotel Boca Chica. También identifica otros lugares que aparecen en la pantalla: la bahía en el área de Icacos a bordo del USS Zaca, el espectacular yate propiedad de Errol Flynn; la playa y laguna negra de Puerto Marqués; la playa Revolcadero; la antigua península de Tlacopanocha; los alrededores de las playas de Caleta y Caletilla; la azotea del hotel Casablanca; el mirador del Hotel Los Flamingos, y el Ciro's del Hotel Casablanca.

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Orson Welles y al fondo Rita Hayworth.

 

El esplendor del Jet Set

Entre el cine de los años cincuentas y sesentas es común encontrar varias referencias a Acapulco, ya como un balneario turístico, favorito de los capitalinos. Así aparece en “Acapulco”, la única comedia de Emilio “El Indio” Fernández; la muy divertida “El Inocente” (1956), con Pedro Infante y Silvia Pinal que narra un enredo amoroso entre un humilde mecánico y una consentida chica de sociedad; “El bolero de Raquel” (1957) con Mario Moreno “Cantinflas”; “Acapulqueña” (1958) con María Antonieta Pons y el “Piporro”; “Vacaciones en Acapulco” (1960) con Antonio Aguilar, Ariadna Welter y Fernando Casanova, o “Espérame en Siberia, vida mía” (1971), con Mauricio Garcés.

Acapulco alcanzó su máximo esplendor como capital cosmopolita al nivel de Venecia o Cannes gracias al glamour que aportó el jet set a partir de la Reseña Mundial de los Festivales Cinematográficos, que tuvo vigencia entre 1958 y 1968, en la que desfilaron figuras de la talla de Anita Ekberg, Anouk Aimée, Jeanne Moreau, Melina Mercouri, Anna Magnani o Elizabeth Taylor.

Así, Hollywood siguió interesado en las locaciones acapulqueñas y realizó periódicamente otros filmes en sus inmediaciones, entre ellas “Pepe” (1960), dirigida por George Sidney, un fallido lanzamiento de “Cantinflas” para el público de habla inglesa; o “Love has many Faces” (1965), de Alexander Singer con Lana Turner, Cliff Robertson y Hugh O'Brian.

Un curiosidad la representa "Fun in Acapulco" (1963) una comedieta musical protagonizada por Elvis Presley, Ursula Andress, Elsa Cárdenas y Paul Lukas. La leyenda asegura que “el rey” nunca piso suelo guerrerense, y que todas sus escenas fueron filmadas en un estudio en Hollywood. Sin embargo, la magia del montaje permite verlo en sendas locaciones del puerto, gracias a la ahora primitiva técnica del “back projection”, en la que destaca un recorrido en bicicleta sobre la calle Benito Juárez y la actual Plaza Álvarez en el centro de la ciudad, mientras canta un chistoso tema dedicado a México, que combinan azarozas palabras en español como “salsa” “muchachas”, “señoritas”, “samba”, “bamba”, caramba”, amigo”, etcétera

Imposible citar en este espacio toda la filmografía acapulqueña, entre las que se hallan algunas películas más memorables que otras de todos los géneros posibles, desde “La risa en vacaciones”, de René Cardona Jr. —una serie de ocho películas cómicas de bajo presupuesto que se convirtieron en un suceso taquillero a partir de su primera entrega, en 1990— hasta filmes de más calidad como la comedia “Por la libre” (2000) de Juan Carlos de Llaca; “Drama/Mex” (2006) de Gerardo Naranjo, o el documental “Vuelve a la vida” (2010) de Carlos Hagerman, sobre la vida del buzo Hilario Martínez Valdivia y su curiosa hazaña de pescar una tintorera desde la playa. Esta es una de las pocas cintas que cuentan una historia local de los acapulqueños, pues por lo regular, los argumentos giran sobre personajes que llegan al puerto como turistas y forasteros, con tramas que muy poco revelan la intimidad de la cultura costeña.

Ojalá en el futuro esto comience a darse con más frecuencia: historias de lugareños narradas por ellos mismos. En buena parte, eso lo facilitaría una infraestructura audiovisual situada ahí. Desde hace ocho años, Víctor Sotomayor ha impulsado un esfuerzo en ese sentido, a través del Festival Internacional de Cine de Acapulco (FICA), que busca devolverle brillo al puerto a través de varias actividades y la visita de grandes actores como Alain Delon, Sohia Loren, Antonio Banderas o Salma Hayek.

 

*Una versión de este artículo fue publicado originalmente en la Revista Mexicanísimo No. 58 (enero 2013), de la Editorial Paralelo.

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